Diario La Quinta, Red informativa Valparaiso
09/02/2022
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El sociolecto chileno más extendido, dentro del margen de las buenas maneras, es –al despedirse en un intercambio social– la emisión del “cuídate”. Indico esto sobre todo porque la fragmentación capitalista de los sociolectos hace que esta expresión sea la más frecuente, la más universal, la más típica: sería entonces el tipo ideal dentro de los campos semánticos destruidos por la pobreza estructural o los bolsones de pobreza, provenientes de la condición periférica, acentuada por el neomarginalismo, sumado al conservatismo eclesial, en suma, lo que se llama el modelo neoliberal.

Desde el punto de vista microsociológico, he detectado que dicha expresión reiterada y perfectamente simbólica, en el sentido, de que expresa los elementos característicos de la sociabilidad chilena, es decir, la que nace con el siglo XX y sus vanguardias socioculturales, primero, dejó de usarse por un lapso considerable de tiempo, pero, segundo, ha vuelto, con toda su fuerza sígnica, a utilizarse en la historia subterránea del español de Chile. en este sentid, tengo dos hipótesis de semántica política (por decirlo de alguna forma):

1.- Producto de la larga y cruenta Guerra de Arauco (siglos XVI, XVII, XVIII, XIX, XX y XXI).

2.- Producto de la larga y sangrienta dictadura cívico-militar (1973 – 1989).

Ahora bien, me parece acertado concluir que el uso de ese vocablo, que constituye el tipo ideal más claro de la semántica política, proviene de la dictadura que se inició en 1973. Cuidarse configuraba para los otros significativos, una muestra de cariño mínima ante la violencia degenerada, cuando no se sabía si aquel ser querido seguiría con vida. Mas, la fuerza de aquella breve expresión en la voz de los ochenta era, también, un epíteto, casi una alocución completa de las bases colectivas que, más allá de la presión brutal, luchaban con la piedra del poder, el poder de la piedra, cuando la dignidad era cuidarse en una gran ola de cadenas de cadenas de cadenas de la colectividad de la furia y la vehemencia tanto de ricos y de pobres. En los ochenta, a diferencia de los setenta, “cuidarse” era el remolino de amar, vale decir, dar la vida y aún así seguir bregando por la libertad.

Y estoy seguro de que esta expresión ha vuelto y re-vuelto por el gabinete del presidente “Nuevo”.