Linde es un libro de relatos de Fernando Franulic Depix que explora territorios de frontera: entre la razón y el delirio, la norma y la transgresión, el deseo y la pérdida. A través de trece cuentos, el autor construye un universo narrativo intenso y sensorial, poblado por personajes que habitan el límite —social, sexual, histórico y mental— y que buscan, muchas veces de forma desesperada, una forma de libertad.

Extracciones: Ciudades vegetales

Cuento extraído de Linde (Del Aire Editores, 2015)
Jamsper.cl
Año de publicación 2015.

Se bajaba del taxi, todas las mañanas, con la premura de una persona importante. Le indicaba al chofer que lo dejara una cuadra antes de la puerta principal del Sanatorio Universitario Doctor Carrera. Le interesaba caminar esa cuadra. Salía del automóvil con su traje impecable contra el viento. La avenida Doctor Carrera siempre estaba envuelta en una ventisca, quizá producto de la doble hilera de Álamos que la cruzaba o puede que por la cercanía al río cafesoso, enmierdado, de la ciudad. Ventarrón, al fin, que le daba cierta elegancia a su entrada: la chaqueta abierta, una mano intentando mantenerla cerrada, la otra mano sosteniendo, complicadamente, su maletín de cuero y el periódico de la mañana. Una pequeña odisea cotidiana, que él desarrollaba como una necesidad estética. El viento, nunca pensó que el viento se encargaría de entregarle una escena; del resto se encargaban sus sustancias químicas. Forma y sustancia era lo que requería para su pasada matutina, pensada para producir la sensación poderosa de la urgencia de un oficio. Cualquiera podría imaginarlo con una profesión complicada, de aquellas que se estudian muchos años. Algunas mañanas se preguntaba si la gente del aseo tendría la capacidad de percibir su importancia, entregada en esa fabricación que, para él, era signo de su conocimiento y de su jerarquía. Pero era un pensamiento bajito, que no deseaba expandir. En ese paseo de una cuadra, con sus pies decididos, prefería ir pensando en una ecuación, sin posar la mirada en nadie ni en nada. Aunque de reojo, muy veloz, todas las mañanas intentaba mirar las diminutas flores que se amontonaban ante la gran puerta de vidrio y pesados metales por donde se ingresaba a la institución. Era el residuo de un interés. Cosa del pasado. 

Ese día, su rostro frente a la vidriera de la puerta principal le pareció demasiado enjuto, demasiado pírrico, cambió de enfoque, no tenía por qué mirarse tan detenidamente. Luego, el ascensor. Evitó la mirada en el espejo. Una enfermera le ofreció una amplia sonrisa. No debo estar tan mal. A la salida, un médico internista le palmoteo la espalda. No debo estar tan mal. Llegó al subterráneo, un auxiliar lo saludó vivazmente. No debo estar tan mal. Pero el hecho macizo de haberse visto con el rostro tan flaco en la vidriera de la calle, lo traicionó. No estoy perfecto. Algo fallaba. Algo no estaba del todo bien. Instalado en su escritorio, dio vuelta la foto de Elba, su esposa. Era un reflejo peligroso. Por primera vez, se daba cuenta de por qué le gustaba tanto trabajar en el subterráneo. No había ventanas que provocaran esos espejos denunciantes. Bastaba la sombra de un árbol cayendo para que se formara la imagen. ¿Y la computadora? ¿Y los anaqueles de vidrio? ¿Los múltiples anaqueles de su despacho? Siempre he sido esbelto, es un rasgo elegante. No había problema alguno. No había nada de qué preocuparse. Respiró. Respiró profundamente. Pausadamente, sacó una llave y abrió un cajoncillo, tomó un milígramo de clonazepam. No me gusta estar mal. Tomó medio milígramo más. Debe ser el gimnasio, la dieta, la cafeína, las píldoras dermatológicas, los comprimidos sedativos. También esos quemadores de grasa que consumo. Volvió a sentirse pleno, sereno. Se puso el delantal blanco con ese cáliz atrapado por una serpiente que identifica a los farmacéuticos. Abajo no aparecía su nombre, solo su cargo: Farmacéutico Jefe. No revisó su correo ni el periódico, era la hora de la reunión clínica. Antes de partir, aburrido, soñoliento, dibujó una molécula en un cuaderno. Se tomó su tiempo. Era una molécula inventada, fantasiosa, bizarra. 

Título completo: Linde
Autor: Fernando Franulic Depix
Editorial: Del Aire Editores
Año de publicación: 2015
ISBN: 978-9569038112
Idioma: Español
Género / Contenido: Narrativa / Relatos / Cuentos (13 relatos con enfoque en experiencias al margen, límites, frontera temática y exploración de personajes)

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Andrea Franulic Depix
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Más me río, con la cara mirando al sol. Reseña de Andrea Franulic.

Andrea Franulic Depix
26/01/2016
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Fernando Franulic, en un despliegue generoso del potencial creativo de su lengua materna, nos sorprende con la riqueza léxica de su prosa y, con esto, aludo a la capacidad o el talento de construir mundos imaginarios y de organizar la realidad interna de estos mundos hipotéticos; de abrir nuevas parcelas de realidad y dimensiones mentales o espirituales no exploradas, o negadas, por la opaca y patriarcal cultura hegemónica: el autor nos coloca ante la presencia de otros universos, ya sea en el pasado histórico ya sea en el pasado estelar, pienso en los cuentos Idioma Desconocido y Algo de la Galaxia. También nos sumerge en la mente de un Rodolfo, cuyo delirio corre al ritmo vertiginoso del consumo desproporcionado de diversos estupefacientes, o nos subsume en el delirio onírico de Javier que nos traslada a otro tiempo y espacio dentro del tiempo y el espacio de la diégesis, que se sitúa a principios del siglo XIX. Nos compenetra con la angustia del niño de Gallináceas y su encierro, o con el tránsito a la locura de la Baronesa del Salitre, al ritmo de un tren de principios del siglo XX. Nos asombra con las figuras fantasmagóricas o sobrenaturales en el cerro Huelén, o los rostros siniestros del sanatorio de Mercado Negro. 

El “Linde” de Fernando Franulic Depix. Reseña de Fernando Quilodrán.

Fernando Quilodrán
26/01/2020
Critica.cl
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Introducción del autor 

La muerte de Fernando Quilodrán (1936-2017) me tomó por sorpresa y con mucho pesar, entonces, este texto de reseña crítica también tuvo su duelo: no deseaba publicarlo de forma inmediata. Fue uno de los últimos textos de Quilodrán, quien fuera una figura clave de la narrativa y la poesía chilenas, además de Presidente de la Sociedad de Escritores de Chile en el período de la transición a la democracia, y cuyas palabras me honran con su bello análisis. 

Fernando Franulic 

TRECE RELATOS COMPONEN ESTA obra de Fernando Franulic Depix, organizadas en cuatro secciones: “Amores inacabados”, “Pequeñas fabulaciones”, “Trascendencias y trasgresiones” y “Caer”. 

Lo primero que se debe consignar es que estamos ante un escritor de oficio seguro, de prosa gentil, en el sentido de la no incurrencia en argucias de gusto dudoso; y de una imaginación que a pesar de su desbordancia se disciplina en los límites del género narrativo.